
Durante las últimas semanas han sido muchos los medios (por no decir todos) que han hecho referencia a la muerte de este gran artista. Michael Jackson, gran músico, bailarín y actor fallecía en extrañas circunstancias a la edad de 50 años.
Demasiado joven para morir, demasiado viejo para seguir triunfando, Michael vivió siempre entre dos mundos. Por un lado la fama, consecuencia lógica de su enorme talento en un mundo consumista; y por otro su vida privada, que en numerosas ocasiones fue violada por los medios de comunicación.
Es una pena haber perdido a un genio de su magnitud, pero hacía ya tiempo que dicho genio estaba bajo la sombra de un excéntrico multimillonario al que apodaron "Jacko Wacko" (Jacko el loco). Quizas su metamorfosis casi literal fue fruto de la presión ejercida por una sociedad occidental blanca poco preparada para acoger a un ídolo negro, o simplemente se debió a la ya citada pérdida de cordura por parte del cantante. Lo que si es cierto es que un halo de misterio envolvía su figura, y ya jamás desaparecerá, para regalarnos otro Dean, otra Marylin, otro Lennon, otro Mercury, de esos que tanto nos gustan por su fuerte significado como símbolos de una época, más allá de simples artistas.
Sea como fuere, es curioso como los seres humanos tendemos a adorar imágenes de nosotros mismos, para despues enterrarlas con la misma facilidad con la que nos deleitamos con su figura en vida. Esperemos que este sea el último gran ídolo que adoptamos, y seamos capaces de aprender de nuestros errores, para cambiar esta sociedad capitalista y vanguardista por otra menos individualista...
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